Enfermería Intercultural

Una apuesta por la Interculturalidad en el campo de la Salud

El respeto a lo diverso. Ser permeables. #Interculturalidad #Salud #Enfermería

Posted by Dr. Fernando Plaza en 19 mayo, 2017

La identidad de una persona no es el nombre que tiene,

el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo.

La identidad de una persona consiste,

simplemente en “ser” y el ser no puede ser negado.

José Saramago

 Manuela.

           Era un turno de tarde en el hospital como tantos otros, ese día se dio una situación diferente, no es nada habitual que una persona transexual ingrese en tu servicio. Una paciente más pero con una “peculiaridad” que la hacía diferente. Una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre que hacía pocos años había podido liberarse de ese cuerpo que no sentía y convertirse en la mujer que siempre fue. Ahora tenía una nueva identidad, por fin era Manuela, aunque su DNI aún mantenía su nombre de hombre.

              En todos los documentos seguía figurando su nombre masculino, el nombre que tenía que llevar al ser el primogénito, el mismo nombre que tuvo su padre y su abuelo, Antonio.

              Cuando nos pidieron la cama, lo hicieron a nombre de Antonio, después nos informaron que era una persona transexual, una mujer, otra mujer más que nos ingresaba. El debate inmediato que se planteó entre las compañeras fue si iría a una habitación de hombres o de mujeres. Había opiniones de todo tipo. El debate se resolvió en cuanto nos comunicaron que tenía que estar sola por un problema de inmunodepresión. La verdad es que no sé cómo se habría resuelto.

              Me surgió una pregunta, por otro lado normal, y la hice; ¿cuál es su nombre? No el que figura en nuestros papeles sino el nombre con el que se siente identificada. La compañera que iba a ser su enfermera tuvo una reacción que no llegué a comprender; “su nombre es el que figura en la documentación, yo lo llamaré como ponga en los papeles” –dijo. Habrá que llamarla con el nombre que ella se sienta identificada, no con el del DNI ¿o acaso si una paciente se llama Francisca pero te dice que la llaman Paqui tú te vas a empeñar en seguir llamándola Francisca? La conversación quedó ahí y seguimos con el trabajo, pasaron un par de horas hasta que llegó nuestra nueva paciente.

              Manuela se había encontrado ya con algún que otro profesional intransigente en Urgencias, algún que otro profesional falto de profesionalidad, que se había empeñado en llamarla como Antonio y referirse a ella en masculino, aunque ella lo corrigiera.

El celador que la acompañó a la habitación nos comentó los problemas que había tenido en Urgencias y que su nombre era Manuela. Cuando mi compañera (quien afirmaba que se negaría a llamarla por un nombre diferente al que figuraba oficialmente) se presentó, le dijo “Manuela, soy tu enfermera”, eso bastó para que esa mujer tantos años atrapada en un cuerpo extraño se emocionara y se viera reconocida como persona.

A mi compañera se la vio satisfecha el resto del turno, después incluso comentaba que no entendía como había personas que se empeñaban en no llamarla por su nombre. Creo que fue una buena lección para ella; respetar la diferencia y ser compensada por ello.

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La historia que os acabo de contar es una situación real que se dio en un hospital público, un centro que tiene que estar libre de discriminación por pertenencia cultural o nacionalidad, por sexo, religión, identidad sexual ni por ninguna otra razón. En el caso de Manuela se dio una situación de falta de respeto a la identidad sexual, pero bien puede valer como ejemplo de otros casos en los que no se respeta el derecho a la diferencia, a la diversidad de los individuos que formamos esta sociedad. Porque en el respeto, en el reconocimiento a la identidad del otro está el reconocimiento de ese otro como persona. Ese pequeño paso, ese natural paso, consigue acercarnos al otro y comenzar una relación de confianza, en el caso de los profesionales sanitarios es un buen inicio para lograr el mejor escenario posible para establecer la relación terapéutica.

Son frecuentes las situaciones que nos encontramos en las que las costumbres, tradiciones, valores o creencias de las personas con las que interaccionamos nos exigen que modifiquemos nuestra forma de actuar como muestra de ese respeto y reconocimiento personal.

Recuerdo una situación que viví en un pequeño hospital donde trabajé hace unos años en el que encontré a una mujer moribunda a la que la familia había vestido con una especie de túnica marrón con un cordón blanco a la cintura. En un momento determinado le colocaron una bolsa de tierra en los pies de la cama, en contacto con sus plantas, la mujer falleció pasadas unas horas. Yo no entendía nada, pero dejé hacer a la familia esa especie de rito, solo observé. Después me explicaron que ese hábito es el de las devotas de la Virgen del Carmen y que según su creencia para morir en paz hay que pisar la tierra. La realidad es que esa mujer pareció relajarse y despedirse tranquila cuando notó la tierra bajo sus pies.

También es frecuente encontrar personas que sobre la cama o en la mesita de noche tienen alguna estampa religiosa o que guardan una medalla bajo la almohada; con estas imágenes se sienten reconfortadas, como acompañadas en su proceso de enfermedad. Para mi mente científica nada de esto tenía sentido, pero no se trata de que yo le encuentre una explicación lógica a todo esto, se trata de que a estas personas les sirve, les ayuda. Yo sólo tengo que respetarlo.

Estamos acostumbrados a oír que debemos ser tolerantes con los demás, pero la palabra “tolerancia” tiene un connotación que supone cierta superioridad o paternalismo hacia lo tolerado, como si implicase soportar una carga y mantener un equilibrio que en cualquier momento puede romperse. El respeto del que hablamos huye de las concepciones simplistas y demagógicas, y sirve para tratar de empatizar con todas las perspectivas, buscando el diálogo sereno y un intercambio reflexivo y responsable en el que todos y todas tengamos el derecho a expresar nuestra opinión (Andalucía Acoge, 2015).

La relación, la convivencia entre personas de diferentes culturas, orígenes, religiones, creencias,… sólo debe regirse por una máxima: el respeto.

La garantía del respeto intercultural es la convivencia con lo diverso.

(Extracto del del libro Comunicación, cuidado y vida en la diversidad. Una propuesta de formación intercultural que publicaré en los próximos meses)

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