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Quienes son las personas refugiadas que huyen de Libia #RefugioPorDerecho #RefugeesWelcome

Posted by Dr. Fernando Plaza en 18 abril, 2017

Mientras que en nuestro Mediterráneo se vive diariamente el drama de la muerte de quienes huyen de guerras y miseria, Europa mira para otro lado. El Gobierno español incumple sistemáticamente su compromiso de acogida de personas refugiadas y vulnera la legislación internacional respecto al Derecho de Asilo.

Este artículo publicado por La Vanguardia (para ver el artículo original pulsa AQUÍ) hace unos días consigue que salgamos de las frías cifras impersonales de los noticiarios y pongamos cara a las personas refugiadas a las que damos la espalda desde nuestra Europa Fortaleza. Artículo de .

El viaje a vida o muerte de los rescatados en el mar por Proactiva Open Arms

Quienes son los refugiados que huyen de Libia
Mohamed, Rijala, Adil y Ibo, cuatro de los rescatados por el ‘Golfo Azzurro’ 
 Una ballena pasó junto al Golfo Azzurro con la última luz de la tarde, como despidiendo el mejor día que 230 personas rescatadas del mar por Proactiva Open Arms habían pasado en muchos meses. Cuántos hombres envueltos en mantas que la miraban desde la borda hubieran deseado que la ballena se llevara con ella las huellas de la humillación, los abusos, la violencia, las violaciones, las torturas sufridas en su largo viaje.

La víspera de su desembarco, el pasado fin de semana en Trápani (Sicila) para ser internados en un campo bajo control militar, y después en algún otro lugar desconocido, celebraron una fiesta en la cubierta del barco. Una fiesta, algo a lo que toda esta gente descalza, sin nada en los bolsillos, parecería no tener derecho jamás.

Venían agotados por un largo viaje que pudo haberles costado la vida -en el cruce del Sahara desde Níger o desde Sudán, en las cárceles de Libia o en el mar- pero revivieron durante una hora cuando el equipo de rescatistas sacó una guitarra. Pakistaníes, eritreos, subsaharianos, cantaron, bailaron y dieron palmas por primera y quizás única vez juntos. Todo el mundo es capaz de seguir La Bamba o de entender al universal Bob Marley cuando habla de “songs of freedom”, canciones de libertad.

“No sabéis lo que significa para nosotros que nos entretengáis, siquiera hablando un poco. Nos devuelve la dignidad humana, nos devuelve la moral”, decía Ibo, de Gambia. Ibo, de 23 años, fue llevado tres veces a los campos donde las bandas libias encierran a los migrantes. La tercera, le ofrecieron hacer de carcelero. “Aquella mañana me levanté, me duché, desayuné y salte la valla y me fui. ¿Cómo podría yo hacerles eso a mis hermanos?”.

Ibo atravesó cuatro países durante mes y medio para llegar a Libia. Trabajó de carpintero en Sabha y en Trípoli pero nunca, asegura, pudo enviar un céntimo a su madre y sus hermanos en Gambia. “Allí estamos en peligro siempre, en la calle, en el trabajo, en tu propia casa. Yo nunca llevaba el móvil encima porque te lo quitan, te roban el dinero, te roban todo. Libia es la vida en el infierno, ni a mi perro le dejaría volver allí”.

Ibo, refugiado gambiano de 23 años rescatado por el 'Golfo Azzurro'
Ibo, refugiado gambiano de 23 años rescatado por el ‘Golfo Azzurro’ (Félix Flores)

Según Adil, pakistaní, “hasta los niños libios van armados, todo en Libia es mafia, no existen leyes ni normas, no hay derechos”. Muchos pakistaníes dicen que llegaron a Libia en avión, hace dos o tres años, y que les quitaron el pasaporte. Adil trabajó en la construcción; Abid, de 52 años, en una tienda. “Hace ya un año que me quería ir. Pagué 800 euros por ir a la barca y no se ni de qué playa salí; los mafiosos nos llevaron, a las dos de la madrugada, escoltados por la policía libia”.

Un grupo de 86 pakistaníes pasó doce horas en una patera precaria, de madera y fibra de vidrio, construida especialmente para los traficantes, después de partir de una playa de Sabrata. Otros, subsaharianos y eritreos, lo hicieron desde este mismo lugar o desde Zuara, cerca de la frontera de Túnez, en lanchas neumáticas de fabricación china en las que se apiñan hasta 120 personas; las mujeres, en el centro y los hombres, montados a horcajadas en los lados.

Adil, refugiado pakistaní rescatado por el 'Golfo Azzurro'
Adil, refugiado pakistaní rescatado por el ‘Golfo Azzurro’ (Félix Flores)

En ambos casos se utilizan motores fuera borda de 40 caballos con la gasolina justa para llegar a aguas internacionales, donde los traficantes saben que esperan los barcos de rescate.

“Si no quieres subir a la barca, te disparan”, contaba Mohamed, guineano de 27 años. “Son barcas de juguete. La gente sabe que es peligroso, pero no hay vuelta atrás; si lo haces, vas a la cárcel”… y a volver a pagar para salir. Así funciona el negocio de los traficantes, y todos han visto a la policía y a los guardacostas libios –que ahora están siendo entrenados por Italia para detener el flujo de migrantes- participando de un negocio que se cobra en dinero y en cuerpos humanos, vivos o muertos.

Mohamed, refugiado guineano de 27, a bordo del 'Golfo Azzurro'
Mohamed, refugiado guineano de 27, a bordo del ‘Golfo Azzurro’ (Félix Flores)

Rijala, eritrea de 23 años, sobrevivió con una cicatriz en el brazo izquierdo al accidente de la camioneta en la que atravesaba, a toda velocidad, el desierto entre Sudán y Libia. Diez personas murieron, y otras tres, de hambre y de sed. “No había comida, no había agua, ni medicinas, nada…” Cuando llegó a Libia, Rijala fue encerrada seis meses en una cárcel en la que intentaron violarla.

Logró escapar, decía, “porque iban a traer más mujeres y nos iban a cambiar de prisión, pero dejaron una puerta abierta. Un granjero me escondió y luego me envió a otro lugar más seguro porque mis secuestradores descubrieron dónde estaba. Me dio 1.000 dinares –casi 700 euros- para pagar a los traficantes y pasé una semana en su campo, esperando para salir”.

Rijala, refugiada eritrea de 23 años, sonríe camino del puerto en el 'Golfo Azzurro'
Rijala, refugiada eritrea de 23 años, sonríe camino del puerto en el ‘Golfo Azzurro’ (Félix Flores)

Rijala vivía en Sudán con una tía y trabajaba en un restaurante. Si regresara a Eritrea, sería llamada, como mujer soltera que es, a un servicio militar que puede durar toda la vida. La mayoría de los eritreos que huyen de la llamada Corea del Norte africana son jóvenes en edad militar. Como Abubakr, Yared, Nahum… Todos ellos pagaron más de 3.000 euros por hacer el viaje de veinte días por el desierto hasta Libia. “Vimos morir a mucha gente en el Sahara, hubo mujeres violadas, las que no tenían dinero suficiente para librarse…”

Embarcar en una patera les costó otros 2.000 euros, y alguno, secuestrado por las bandas libias, tuvo que pagar mil euros por su libertad. Uno de estos jóvenes rescatados había sufrido una paliza mortal, hasta el punto de que fue, aparentemente, llevado a un hospital antes de embarcarlo. El médico y la enfermera del Golfo Azzurro le encontraron dos vías abiertas en ambos brazos. Casi incapaz de hablar, no recordaba nada de lo que le ocurrió.

“Solo quiero ir a un lugar seguro. No me importa dónde”

RIJALA

Refugiada eritrea

“Solo quiero ir a un lugar seguro –decía Rijala-. No me importa dónde, si a Inglaterra o a Francia…” Será acogida en Italia, con derecho a asilo como refugiada por ser de Eritrea, junto a otros 65 connacionales recogidos por el Golfo Azzurro.

A su llegada al puerto siciliano de Trápani, unas cien personas esperaban en el muelle, entre ellas funcionarios de Frontex –la agencia europea de protección de fronteras- y policías. El personal de Cruz Roja llevaba mascarillas y el del Ministerio de Sanidad italiano que subió al barco vestía además trajes de papel como los que también utiliza la tripulación de Open Arms cuando tienen que recoger cadáveres en el mar. Los rescatistas, en cambio, se despedían con abrazos de los refugiados a medida que iban desembarcando.

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