Enfermería Intercultural

Una apuesta por la Interculturalidad en el campo de la Salud

Aprovechate, vive la #interculturalidad. La importancia de viajar.

Posted by Dr. Fernando Plaza en 8 julio, 2016

El verano invita a viajar, aprovéchalo. Desde luego que viajar nos ofrece la gran experiencia que nos va a hacer ser más competentes interculturalmente, no solo porque podemos acercarnos a otras culturas y conocerlas sino porque vivir en nuestra piel ser el extranjero, sufrir la barrera idiomática, la experiencia de no conocer el cómo se hace, estar en un país extraño, sentirnos minoría,… nos va a ayudar a aprender a vivir en la diferencia, va a conseguir que abramos nuestra mente y que nos resulte más fácil ponernos en el lugar del extranjero, el inmigrante y entenderlo mejor.

FB_IMG_1467637486852

Viajar con mirada intercultural.

Viajar es un modo de aprender, o una oportunidad para aprender, que debemos aprovechar porque el ver pueblos, geografías, costumbres; topar con gentes que tienen otro modo de ver y entender las cosas y el mundo, otros modos de relacionarse, debiera ayudarnos a desprendernos de esa mirada occidental, muchas veces juzgadora y poco entendedora de lo otro, de lo diferente a nosotros. Muchas veces vamos a otros lugares y los juzgamos, sin pensarlo dos veces, de modo prepotente, despreciativo. Sin darnos cuenta lanzamos opiniones, en principio inocentes, que destilan el modo en cómo los vemos, el cómo los catalogamos.

Los pueblos, las culturas, aparte de por su desarrollo material deben ser apreciados por la riqueza de sus relaciones, tanto entre las personas como con el medio; en la sabiduría que emana de esas relaciones; en qué modo han sabido sintonizar con la naturaleza para extraer de ella lo justo y no menospreciarla y acabar con ella; cómo han aprovechado los recursos para un desarrollo equilibrado. Si lo analizásemos así, nos maravillarían pueblos a los que se les clasifica como subdesarrollados y nosotros, quizás, no saldríamos muy bien parados. (…)

Lo mismo si nosotros vamos a otras tierras de España, Europa o cualquier otro lugar del mundo. Los ojos bien abiertos, pero no sólo: curiosidad, ganas de entender y comprender por qué así. Todos los pueblos han sido portadores de gran sabiduría para adaptarse al medio y para sobrevivir en él han adoptado las tecnologías y costumbres más útiles en el momento y lugar. Hay que preguntar a los habitantes de la región, o hacerse con información para sacarle jugo al viaje y aumentar nuestra comprensión de las gentes de este planeta. Si lo hacemos así, volveremos más sabios de nuestras vacaciones.” Texto extraido del Blog de Interculturalidad del IES Mungia BHI de Bizkaia

Encontré este texto de forma casual, en un blog dedicado exclusivamente a la interculturalidad de un instituto de secundaria vasco -muy bueno el blog por cierto y muy recomendable que le echéis un vistazo- lo reproduzco literalmente porque expresa parte de lo que quería resaltar de la importancia de viajar para ayudarnos a ser más competentes interculturalmente a través del conocimiento de otros lugares y otras gentes. En el mundo de la empresa ya desde hace tiempo recomiendan a quienes se quieran dedicar al comercio internacional o pretenda trabajar en empresas transnacionales que incluyan en su formación estancias en otros países y que aprovechen cualquier ocasión para viajar y conocer otras culturas.

Las universidades europeas también reconocen los beneficios de la movilidad por universidades de países distintos al propio para el alumnado y promueven y fomentan que se cursen partes de la carrera en otros países europeos que van de periodos de tres a doce meses de duración con el Programa de becas Erasmus, entre los objetivos de este Programa está el de “contribuir a la creación de una comunidad de jóvenes y futuros profesionales bien cualificados, con mentes abiertas y experiencia internacional.” En el ámbito de la Formación Profesional existe otro programa con el mismo objetivo; el programa Erasmus +.

¿Vale cualquier tipo de viaje?

Son preferibles aquellos viajes en los que se provoque más el contacto con personas del lugar, en los que tengamos que enfrentarnos a buscar soluciones a situaciones cotidianas como entender la carta de un restaurante o buscar un transporte para desplazarnos.

Recuerdo un viaje a Egipto que hice junto con una veintena de compañeras y compañeros de promoción, era el típico viaje de ocho días todo incluido con tour por varias ciudades egipcias y crucero de cuatro días por el Nilo ¿os suena?, estoy seguro que exactamente el mismo viaje lo han hecho decenas de miles de personas, miles de personas que habremos comido la misma comida adaptada al paladar occidental y comprado los souvenirs en los mismos bazares pactados por el guía. El balance del viaje en cuanto a nuevos contactos fue que solo conocí a tres personas ajenas al grupo; una pareja de recién casados de Valencia y el guía que nos acompañó todo el viaje, por cierto, el único egipcio con el que entablé una conversación. Vi Egipto como si de un escenario de película fuera y muy poco del Egipto real.

Desde luego que quedé escarmentado para no repetir. Evidentemente éste no es el tipo de viaje más indicado para conseguir nuestro objetivo de mejorar nuestras habilidades interculturales.

Después de esta experiencia no es que haya hecho demasiados viajes, no me considero un Phileas Fogg, el protagonista de la novela de Verne La vuelta al mundo en ochenta días, pero si he hecho algunos viajes “de otro tipo” en los que he conseguido encontrar personas con las que conversar sobre cómo es la vida en esos lugares y he vivido experiencias, algunas de ellas complicadas, que me han hecho replantearme ideas sobre mí mismo y el lugar donde vivo. Para analizar mejor cada viaje me ha ayudado mucho escribir un diario en el que contar lo que hacía cada día, conversaciones que considerara interesantes, situaciones que hubiera vivido, cómo me sentía,… Es la mejor manera de alargar el viaje una vez que ha terminado, cuando releo esos diarios años después vuelvo a vivir esas experiencias.

Recuerdos de algunos viajes:

A Noruega en furgoneta (Madrid-Cabo Norte).

Fueron 18.000 kilómetros en quince días. Lo único seguro que teníamos era el vehículo, el itinerario y algunas provisiones, el resto se iba planteando y solucionando sobre la marcha, lo que nos obligaba a tener que hablar con los noruegos, por cierto, gente muy hospitalaria.

Tuvimos que ingeniárnoslas para solucionar bastantes imprevistos, algunos de cierta envergadura, como la reparación de la furgoneta tras un pequeño accidente; nos quedamos sin vehículo cinco días y tuvimos otro de sustitución con el que también hubo un percance nada más comenzar. Llenamos el depósito con gasóleo cuando era de gasolina; supusimos que como lo común en España es que las furgonetas sean diésel en Noruega sería igual, gran error; Noruega es productor de petróleo y casi no se utilizan vehículos diésel. Fue la primera gran lección: Nunca supongas que en otro país se hacen las cosas de una determinada manera porque en el tuyo sea lo habitual.

En este caso, nuestro mal inglés nos hizo que no nos comunicáramos adecuadamente. Afortunadamente, llevábamos dinero para poder salvar estos contratiempos. Cuantas personas extranjeras no viven en nuestras ciudades y no saben “cómo se hacen las cosas” o cometen errores por desconocimiento.

Fue curioso descubrir que había muchos noruegos que chapurreaban el castellano porque pasaban sus vacaciones en Mallorca. También recuerdo la conversación que mantuvimos con una mujer que vivió en Barcelona, hablando de que trabajamos en la sanidad nos explicó que empresas de sanidad privada habían intentado asentarse en Noruega años atrás pero que habían fracasado porque no podían competir en calidad con la sanidad pública noruega y casi nadie se aseguraba con ellas (igual que en España donde gobierno tras gobierno parece que disminuyeran la calidad de lo público para abrir paso al sector privado).

A Chiapas (México).

A la región de Chiapas, en el sur de México, he viajado en dos ocasiones, en torno a mes y medio cada vez. Son viajes que he hecho solo. La experiencia de viajar solo es muy recomendable porque, a la vez que te encuentras con todas esas situaciones de incertidumbre que te obligan a que seas tú quien vaya tomando las mejores decisiones para solucionarlas, tienes que hacer frente a la soledad, que te posibilita reflexionar más profundamente sobre lo que estás viviendo y tus sensaciones y hace que la experiencia sea más intensa. Todas mis experiencias de viaje sólo han sido muy buenas, aun cuando he vivido situaciones de tensión, también de peligro, pero en todas ellas el balance final ha sido positivo. A Chiapas viajé en 1996 y 1998, a través de organizaciones de apoyo al movimiento zapatista, el EZLN.

En el 96 para participar el I Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, tras el cual tuve la posibilidad de quedarme en comunidades indígenas como escudo humano para prevenir la entrada del ejército mexicano, en el 98 mi único objetivo fue el de volver a las comunidades indígenas y al campo de desplazados de Polhó.

Poder respirar su forma de ver el mundo, su manera de organizarse, cómo siembran la tierra, cómo resuelven sus conflictos, cómo toman sus decisiones, cómo viven el tiempo, toda esa espiritualidad que les une al medio en el que viven –al duro medio en el que viven- del que se sienten parte, el sentido de comunidad y fraternidad con los vecinos, con los próximos, el apoyo mutuo,… esas vivencias que no se olvidan y que te marcan.

Recuerdo que cada vez que venía de Chiapas mi madre me decía que volvía “como muy espiritual”. Y es que siempre que se comparte, se convive con personas muy diferentes a uno le hace reflexionar sobre quién eres, sobre tus valores, descubrir que no son los únicos valores posibles, tampoco los mejores, que lo que para ti tiene valor en otros lugares no vale nada y de repente ser capaz, aunque sea durante algún tiempo, de releer -contrastar- tu realidad cotidiana con lo que has vivido días, meses atrás.

Referente al sentimiento fraternal en las relaciones humanas que me traje de estos viajes trascribo un fragmento de mi diario de aquellos viajes.

Me llama mucho la atención el respeto y la confianza que se tienen, no he visto discutir a nadie y mucho menos pelear, se gastan bromas entre personas de distintas edades, el trato es muy familiar. Parece no existir el sentido del ridículo, de repente ves a un hombre con un yoyó o a otro jugando a las canicas con un niño. Se ríen de su sombra.

Si la presión y las condiciones tan duras a las que están sometidos las tuviéramos nosotros, si hubiéramos perdido todo y estuviéramos amenazados por el ejército como ellos no lo podríamos aguantar. Creo que ellos se “adaptan” y lo consiguen por la unión que tienen, la confianza en la organización, el convencimiento de que todo este dolor merece la pena y su propia identidad indígena, su pasado de sufrimiento y penuria.

(Campo de desplazados de Polhó, 17/05/1998)

Como enfermero me interesaba cómo solucionaban sus problemas de salud o los partos en un lugar tan aislado, esta es una parte de mi diario de viaje sobre estos temas:

Ya he hablado con Doña Martita, una de las dos parteras de la comunidad (también se desplazan a otras). Desde que se sabe que la mujer está embarazada ella la ve cada mes y va tanteando como está el feto, aquí las mujeres continúan con sus trabajos como cargar agua y leña, cocinar,… “Tienen que cargar diariamente con mucho peso y el niño se puede voltear”, me dice, cuando nota que el niño está mal colocado palpando a la madre la ponen de rodillas con las manos apoyadas en el suelo de manera que la barriga cuelgue, así es más fácil moverlo, poco a poco lo colocan bien. Para saber que el feto está bien oyen el corazón directamente pegando la oreja a la barriga (no tienen otra cosa). Cuando llega el momento del parto preparan ropa limpia y agua tibia con un poco de alcohol. La mujer se coloca en cuclillas, pasan una cuerda por encima de una de las vigas del techo para que la parturienta se agarre, la partera detrás. Cuando sale la criatura la agarran desde atrás y no cortan el cordón hasta que no expulsa completamente la placenta, después cortan el cordón con unas tijeras o un cuchillo desinfectado. Al recién nacido se le agarra por los pies y se le dan unos golpecitos en la espalda, después le aspiran por la boca con una perilla, se le lava con el agua con alcohol, se le viste y se le da té de manzanilla para limpiar el estómago. La madre se acuesta, estará acostada el tiempo que necesite, mientras tanto las otras mujeres de la comunidad se ocuparan de sus hijos y de sus tareas. La partera continuará curando el ombligo del niño hasta que se caiga.

Hay una tradición que es la de colgar el cordón umbilical cuando se cae en alto para que el niño sea inteligente y sea capaz de trepar donde quiera.

Parece ser que no se pierden demasiados niños por aquí, eso sí, prácticamente todos los que hay están completamente sanos. La episiotomía por supuesto que no se hace, toman todo el tiempo que sea necesario para el parto, no hay prisa. A la madre al día siguiente al parto se le da una infusión de ruda (una hierba antiinflamatoria), canela y hierbabuena para “que se recomponga la matriz”, a algunas se las faja.

En esta comunidad también hay un huesero que se ocupa de recomponer los huesos cuando se rompen y vendarlos. El método tradicional de una huesera tojolabal es el siguiente; primero “jala” el brazo y lo recompone, le da con alcohol, lo cubre con hojas de higuera y lo venda, después pasa un gallo negro por encima para que el mal pase al gallo, el paciente tendrá que cuidar al gallo hasta que se le cure el brazo.

Aunque se está perdiendo, aún queda mucha confianza en los métodos tradicionales de curación, en los remedios para curar “el espanto”, “el mal de ojo” o el “asareo” (cuando una persona se ha avergonzado mucho, se manifiesta con dolor de bombeo en el ombligo, mareo y sudor frio).

Cura del asareo; se hace una mezcla con agua, alcohol y sal, se le sopla sobre la cara haciendo como una especie de lluvia fina y es suficiente.

(Comunidad de San José del Rio, 4/05/1998)

A Daoar Ait Hitcham (montañas del Rif, Marruecos)

Una experiencia dura e intensa fue mi viaje a Alhucemas, en el norte de Marruecos, tras el terremoto de 2004.

A través de amigos que participan en organizaciones sociales que trabajan con otras del norte de Marruecos (feministas, sindicalistas, en defensa de los Derechos Humanos) supe que necesitaban personal sanitario que pudiera desplazarse hasta zonas de las montañas donde el gobierno marroquí no había querido enviar ayuda pasados ya cuatro días del terremoto. No me lo pensé, hablé con la dirección de enfermería de mi hospital y tramité el permiso, también me permitieron que preparara el material que necesitara. Fue un viaje bastante caótico porque no iba con una ONG del campo de la salud, mi contacto era la Asociación pro Derechos Humanos, APDH, de Alhucemas y no sabía dónde iría ni qué haría cuando llegara.

Todo fue muy rápido, cuando llegué a la sede de la APDH en Alhucemas, estaban totalmente desbordados intentando organizar el material que les había llegado, me presenté a Milouda y Zhora y me puse a su disposición. Tenían una pizarra con los nombres de las zonas y las necesidades de cada zona (no estaban lejos de la ciudad pero a ninguna de ellas había llegado la ayuda del gobierno marroquí), en seguida me dijeron que tenía que ir con el material que tuviera a una zona de montaña. No sé si no me enteré o no se explicaron bien pero subí a un coche dejando mi mochila con la ropa, pensé que volvía el mismo día, suerte que en los bolsillos llevaba el gorro y los guantes de lana.

(Daouar Ait Hitchan, 29/02/2004)

Pasé diez días visitando aldeas de las montañas, a los cinco días me hicieron llegar mis cosas. Dormía en la casa de Ibrahim, que a la vez de guía me hacía de intérprete, cada mañana salíamos a pie a varias aldeas afectadas de la zona.

El paisaje es inquietantemente parecido a los Campos de Nijar o al Parque Natural del Cabo de Gata; terreno árido con pitas, chumberas y matorral, viendo la miseria que hay aquí me planteo lo circunstancial de haber nacido en una u otra orilla del Mediterráneo, la diferencia entre nacer en la Frontera Sur de Europa o en la Frontera Norte de África.

(Daouar Ait Hitchan, 2/03/2004)

Fue mi segundo viaje a Marruecos pero el primero en el que me metía de cabeza en una zona en la que yo era el único extranjero, recuerdo aquellos días como días de mucho cansancio, días difíciles ya que me moví por una zona rural muy pobre donde el terremoto se cebó con sus gentes y sus artesanas casas de adobe. A pesar de ello, me traje a Almería el recuerdo de la hospitalidad de quien ofrece lo poco que tiene, de su agradecimiento por mi presencia. Realmente yo obtuve más de lo que di.

El ritual se repite en cada aldea, tras atender a los heridos y hablar con la gente me ofrecen un té (qué bien sienta con el frio que hace), hay quien quiere darme huevos, espárragos, guisantes,… es lo único que tienen y necesitan agradecer que esté aquí. Me siento abrumado.

(Daouar Ait Hitchan, 5/03/2004)

Sin duda alguna la posibilidad de trabajar en ayuda humanitaria, cooperación o la de participar como voluntario en una ONG es una gran oportunidad para conocer otras realidades, para acercarnos a la vida de personas y colectivos que tal vez tengamos que atender en el hospital o en la escuela. Es muy recomendable para mejorar nuestras habilidades interculturales, pero sobre todo para crecer como personas.

De estancia en la Universidad de Alberta (Edmonton, Canadá).

Fue una osadía por mi parte; atreverme a hacer una estancia posdoctoral en Canadá y sólo. En esta ocasión, como en tantas otras, mi falta de información que jugó una mala pasada. Suponía que, como lengua cooficial, todo el mundo hablaría francés además de inglés con lo que pensé que mi nivel de francés compensaría mi pobre inglés. Lo cierto es que en Canadá solo hablan francés en Québec, en el resto del país, a pesar de estudiarse en la escuela prácticamente nadie lo conoce. Esta falta de dominio del idioma me trajo algunas complicaciones.

Transcribo parte de mi diario de viaje sobre una de estas situaciones:

Edmonton es una ciudad muy extensa, todo está muy lejos y desde mi casa hasta la universidad tengo que tomar un autobús y un tren. Hoy he aprovechado para conocer la zona de Jasper Street, la vuelta a casa ha sido un espectáculo, tenía que tomar un tren (eso fue fácil) y un bus (eso ya es otra cosa), aquí el mapa de las líneas de bus no marcan las paradas sino sitios destacados por los que pasan, así que no se saben cuantas paradas te faltan para llegar a tu destino o si vas en la dirección correcta, además, hay líneas que dejan de funcionar antes que otras.

Primer problema; tras esperar 40 minutos mi bus he creído que ya no pasaba y he tomado otro con el que tenía que hacer trasbordo.

Segundo problema; cuando he hecho el trasbordo lo he cogido en dirección contraria con lo que cada vez estaba más lejos de casa, así que me he bajado y lo he tomado en la otra dirección.

Tercer problema; al llegar a la zona de trasbordo veo pasar el bus que pensé que ya no pasaba… un lío.

Cuarto problema; intento hacer que la conductora del bus me indique si ya voy en buena dirección y donde tengo que parar, más o menos lo entiendo, me he bajado una parada antes por error.

Resultado; por no saber bien como funcionan los autobuses y no entender bien el inglés he tardado casi tres horas en llegar a casa. Estoy helado.

(Edmonton, 2/10/2009)

El balance del viaje, a pesar de varias situaciones parecidas a ésta que me pasaron, fue muy positivo, dejando a un lado la parte académica, la experiencia fue muy interesante.

Para mí está siendo un reto, cada vez que tengo que hablar con alguien o escuchar a alguien… esa sensación de ser el extranjero, el extraño, el que no se puede comunicar, es ponerse en el lugar del otro, en el lugar del que está en España y no conoce la lengua. Está siendo muy difícil pero por este aspecto me alegro porque estoy consiguiendo salir con un aprobado. Es bueno estar en el otro lado, sentir cómo se vive en el otro lado.

(Edmonton, 14/10/2009)

También fue interesantísimo pasar un mes en un país donde se valora la diversidad cultural como un potencial, donde la multiculturalidad se vive desde la interculturalidad, del respeto cultural y el intercambio. 

Desde luego que viajar nos ofrece la gran experiencia que nos va a hacer ser más competentes interculturalmente, no solo porque podamos acercarnos a otras culturas y conocerlas sino porque vivir en nuestra piel ser el extranjero, sufrir la barrera idiomática, la experiencia de no conocer el cómo se hace, estar en un país extraño, sentirnos minoría,… nos va a ayudar a aprender a vivir en la diferencia, va a conseguir que abramos nuestra mente y que nos resulte más fácil ponernos en el lugar del extranjero, el inmigrante y entenderlo mejor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: