Enfermería Intercultural

Una apuesta por la Interculturalidad en el campo de la Salud

El deber de las enfermeras frente a los recortes. Poner en valor nuestro Código Deontológico.

Posted by Dr. Fernando Plaza en 5 mayo, 2012

COMPARTO EN MI BLOG ESTE ARTÍCULO PORQUE ESTOY TOTALMETE DE ACUERDO CON LA COMPAÑERA Rosa Mª Hernández Serra, presidenta del Col·legi Oficial d’Infermeria de les Illes Balears

No solo como enfermeras sino también como ciudadanas y ciudadanos, asistimos atónitos a un escenario caótico, pleno de declaraciones y leyes aparentemente contradictorias, donde se nos dice que para mantener íntegras las características de gratuidad y universalidad de nuestro Sistema Nacional de Salud, se instaura el pago de determinados servicios, como el transporte no urgente, y se excluye y se niega el derecho a la protección de la salud a una parte de la población, aquella que no tiene la condición de asegurado, ni la nacionalidad española o la de alguno de los estados miembros de la Unión Europea, es decir, una parte de la población que no por el hecho de carecer de permiso de residencia ni estar asegurado a la seguridad social, deja de ser “población”; Un escenario donde, tristes y desesperanzados, comprobamos, que las medidas de recuperación de la economía, los cotidianos recortes, producen exactamente el efecto contrario, acelerando su hundimiento, incrementando el paro y envolviéndonos en un mar de desconcierto y temor.

Somos enfermeras, somos profesionales de la salud, y muchos de nosotros ya hemos empezado a notar, en los congéneres a los que atendemos, los estragos que tanta incertidumbre y desamparo causan: el desánimo, el miedo, la carencia de lo más elemental, como el alimento y el cobijo… En nuestra Comunidad, el 28% de la población que debería estar en activo no tiene trabajo, ni recursos; 52.500 familias de les Illes Balears tienen a todos sus miembros en paro; 1.700.000 familias, en el Estado español, no tienen ningún ingreso económico. La ansiedad, el temor, la alteración del patrón del sueño, la baja autoestima, la alteración de los procesos familiares, el deterioro de la interacción social, los trastornos adaptativos o de afrontamiento, la desesperanza, la impotencia, el riesgo de lesión por autolesión, y muchas otras, son situaciones que estamos identificando cada vez con más frecuencia.

Ahora, además, cuando se apruebe este Decreto Ley, muchas personas, seres de nuestra especie, con las mismas necesidades que cualquiera de nosotros, con la misma capacidad de sufrimiento, pero mucho más vulnerables, dejarán de tener derecho a ser atendidos en nuestro sistema sanitario “público, gratuito y universal”, referente de excelencia en todo el mundo, para que, paradójicamente, nuestro sistema sanitario siga siendo “público, gratuito y universal”, víctimas propiciatorias que ofreceremos a los mercados financieros, ciegos a cualquier otra cosa que no sea el dinero, para que nos permitan “reforzar la sostenibilidad y mejorar la eficiencia en la gestión”. Personas con infección por VIH, o con tuberculosis, que dejarán, previsiblemente, de tener acceso al tratamiento y a los que se negará, en nuestro entorno, la vida.

Y no solo eso, sino que, como en todas las enfermedades transmisibles sin control, se incrementará el riesgo de transmisión de esas infecciones, con las correspondientes implicaciones para la salud pública.

Estos sujetos doble o tristemente marginados, NO ciudadanos, ya que esa categoría se les niega, como en la antigua Roma, afectos de dolencias crónicas, perfectamente controlables con seguimiento terapéutico, pero mortales si no se les atiende, para nosotros personas con rostro, nombre, normalmente difícil de pronunciar, historia, vida, familia…, dejarán de formar parte de nuestras vidas profesionales porque nuestro sistema “público, gratuito y universal” les dará la espalda, insolidario, haciéndolos responsables de nuestras dificultades.

Somos enfermeras. Nuestro Código Deontológico, nuestro Deber, con mayúsculas, no entiende orígenes, etnias, colores, sexos, ideologías, religiones o tarjetas sanitarias. Nos dice, muy claramente, que debemos “promover la salud, prevenir la enfermedad, restaurar la salud y aliviar el sufrimiento”. Nos dice que es inherente a la enfermería el “respeto a los derechos humanos” y que en los cuidados “hay respeto y no hay restricciones en cuanto a consideraciones de edad, color, credo, cultura, discapacidad, enfermedad, género, orientación sexual, nacionalidad, opiniones políticas, raza o condición social.” El Código Deontológico de enfermería nos ampara y nos obliga en su cumplimiento.

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