Enfermería Intercultural

Una apuesta por la Interculturalidad en el campo de la Salud

Regreso al Daouar Ait Hicham. La huella del terremoto de Alhucemas de 2004.

Posted by Dr. Fernando Plaza en 13 julio, 2011

Cada verano que puedo, me escapo a Alhoceima a ver a los amigos que dejé allí tras mi estancia en 2004, este verano iré otra vez pasado el Ramadán. Me gusta reencontrarme con las personas que conocí hace ya 7 años; gente sencilla, con una vida muy difícil y con muy poca esperanza. No espero que este año sea diferente a otros y que por fin, encuentre reconstruidas las casa derrumbadas por el terremoto, para la mayoría de estas familias la ayuda del gobierno marroquí nunca llegó.
Recordando esos días que pasé en las montañas del Riff ayudando a esta gente he vuelto a leer el artículo que escribí en su día.
Espero que os guste.
MI EXPERIENCIA EN EL TERREMOTO DE ALHUCEMAS (Artículo publicado en la revista Alboran de Enfermería en 2004)
El terremoto:
La noche del 23 al 24 de febrero de 2004 tuvo lugar un terremoto de 6,3 en la escala de Rihtter en la región del Rif de Marruecos, ocasionando la muerte a más de 900 personas y 2500 heridos. Sus efectos se llegaron a sentir en Melilla, e incluso en Málaga, decenas de miles de personas se vieron afectadas.
La Tierra tembló durante 22 interminables segundos a las 2,30 de la madrugada en una noche oscura de luna nueva. Sorprendió a la gente en sus casas durmiendo, lo que hizo que fuera mucho más mortífero. Lo que contaban de cómo sacaban a sus familiares de entre los escombros, a oscuras, es estremecedor.
A lo largo de los siguientes días se siguieron produciendo sacudidas y temblores continuos que trajeron más angustia, desesperación y temor, si cabe, a las poblaciones más afectadas como, Imzuren, Ait Kamara, Suani, Ait Bouayach, Ait Abdelaziz y otras.
Miles de familias, sobre todo en las zonas rurales, se quedaron sin hogar, sin comida, sin agua, bajo la lluvia y el frío, ante la ausencia de ayuda gubernamental la solidaridad y el apoyo mutuo de la propia población hizo que la situación fuera algo más llevadera.
Para una zona pobre, subdesarrollada, condenada a la emigración y abandonada por las autoridades marroquíes durante décadas como es el Norte del Reino de Marruecos ésta es la puntilla que está haciendo que la vida a apenas 50 kilómetros de Almería sea casi imposible.
La ayuda:
La Confederación General del Trabajo de Andalucía, CGT-A, organización sindical a la que pertenezco, está integrada en la coordinadora de organizaciones andaluzas y del Norte de Marruecos “Dos Orillas”, fruto de nuestro trabajo conjunto es el conocimiento de la zona afectada por el terremoto. Varios días después del seismo nuestros compañeros de la orilla Sur nos informaron de que no estaba llegando ningún tipo de ayuda a las zonas rurales y que en la ciudad la distribución de la ayuda se estaba haciendo con cuentagotas. En toda Andalucía se empezó a preparar envíos de ayuda, entre las carencias estaba la de asistencia sanitaria en las zonas rurales. Como respuesta a esta petición me ofrecí a desplazarme a la zona una semana.
Pese a lo que se precipitaron los acontecimientos y a que tenía que salir en apenas veinticuatro horas, lo conseguí gracias al apoyo personal de Nicolás Galdeano, Director de Enfermería del CHT, y de todo su equipo que pasaron una frenética mañana para conseguir los permisos necesarios de los Servicios Centrales del SAS.
Al llegar a Alhucemas nos dirigimos directamente a la sede de la Asociación de Derechos Humanos, lugar donde se estaba coordinando el reparto a las zonas rurales no cubiertas por el gobierno marroquí de la ayuda llegada de distintas organizaciones de Europa y otros lugares de Marruecos. Como enfermero, me puse a disposición de las compañeras de la Asociación de Alhucemas “Forum de Femmes”, que enseguida me ofrecieron ir a una zona muy afectada por el terremoto y en la que no existía asistencia sanitaria; Daour Ait Hicham, situado en la montaña a unos 20 kms. de la ciudad.
Daouar Ait Hicham:
En “La zona de Hicham” (como se podría traducir este nombre) el paisaje me recordó inquietantemente a los campos de Nijar; montes áridos con pitas y chumberas. La población sobrevive de la agricultura y la cría de algunos animales destinados para el autoconsumo. La construcción tradicional de las viviendas es la de adobe (piedra y barro), también existen viviendas construidas con ladrillo y en mejores condiciones de seguridad, pero éstas sólo están al alcance de las familias en las que varios de sus miembros han emigrado a Europa. Las viviendas de adobe son las que han quedado más dañadas por el terremoto, totalmente destruidas en la mayoría de los casos, causando decenas de muertos. En general, por lo que he podido ver y contrastar con la gente del lugar, la mayoría de la población es analfabeta y extremadamente pobre. La asistencia sanitaria estructurada no existe en esta zona.
Antes de llegar a la zona creía que mi función iba a ser la de atender sólo a los heridos del terremoto pero, como detallo más abajo, lo que me encontré fue mucho más. Cada día visitaba a pie, junto con un compañero del lugar que me hacía de traductor, Ibrahim Koubia, una zona de los alrededores para atender las necesidades sanitarias que tuvieran. Cubriendo la asistencia de unas tres o cuatro mil personas, haciendo una media de unas doscientas consultas diarias en una zona de unos quince kilómetros de radio.
Ait Abdelaziz.
Una de las aldeas de la zona es Ait Abdelaziz, sin duda el pueblo más afectado por el terremoto de los que he conocido, no sólo por los daños en las casas sino también por el número de víctimas mortales.
Para llegar hasta allí tuvimos que caminar cinco kilómetros por un sendero agrietado y con desprendimientos recientes. Lo primero con lo que nos encontramos en el camino fue la escuela; aparentemente sólo tenía algunas grietas pero al fijarnos nos dimos cuenta que las paredes se estaban desmoronando con el pasar de los días, en ella atendimos a varias mujeres y niñas. Lo más impresionante estaba por llegar.
Al entrar al pueblo ya se veían casas totalmente destruidas, una fila de hombres con el rostro deshecho está a un lado del camino, al otro, una zona en la que intentan organizar la ayuda. Saludamos a todas las personas de la fila, todas habían perdido algún miembro de su familia, habían perdido todo, lo poco que poseían.
Enseguida empiezo a ver gente en una haima, primero los más graves. El primero es un hombre al que se le derrumbó la casa encima y se salvó porque un armario cayó sobre él un instante antes que el techo, perdió a sus padres y a su hermana. Policontusionado, tenía heridas en tórax, hombro y cabeza y un fuerte golpe en las costillas, no estuvo en el hospital ni 24 horas, lo echaron deprisa, con recetas para que comprara la medicación que necesitaba. No tenía nada; sin familia, sin dinero, sin futuro, NADA y pretendían que comprara su medicación.
Esto lo vi mucho; hombres, mujeres, niños y niñas en estado de schok, que están intentando hacer frente a la pérdida de sus familiares, sin casa y totalmente abandonados a su suerte.
Encontré a muchas personas con heridas infectadas y sucias, no por desidia sino simplemente porque el dolor de la pérdida les impedía preocuparse de su propia salud, de su propia vida, todavía para ellos y ellas no ha llegado el momento de retomar la vida, de luchar por los que han sobrevivido. Es el caso de un hombre que ha perdido a dos hijas pequeñas en el terremoto, tiene una herida en el pie muy sucia e infectada, ahora, simplemente, le da igual.
En Ait Abdelaziz estaba uno de los centros de formación para chicas de Forum de Femmes (construido con ayuda de una organización andaluza), ha quedado totalmente destruido. Entre alumnas y profesoras sólo han sobrevivido cuatro al terremoto.
En este pueblo a todos los muertos los han enterrado en una fosa común, treinta y nueve personas entre hombres, mujeres, niños y niñas.
Con tantos muertos, con tantos heridos, con tantos daños materiales una semana después aún no había pasado ningún representante de ningún organismo oficial ni ninguna ayuda oficial.
Principales problemas de salud con los que me encontré durante mi estancia en la zona:
– Problemas de salud derivados directamente de la catástrofe;
* Policontusionados, golpes, dolores y lesiones osteo-musculares.
* Heridas, generalmente infectadas por la falta de asistencia, agua y desinfectantes.
* Problemas psicológicos como ansiedad, nerviosismo, somatizaciones como cefaleas o dolores de estómago, depresión, insomnio; consecuencia de la pérdida de seres queridos (prácticamente en todas las familias ha muerto al menos una persona), la pérdida de sus casas y de sus pocas pertenencias y por miedo a nuevos terremotos.
* Catarros y procesos infecciosos respiratorios consecuencia de estar durmiendo en el campo con frío, lluvia y en muchos casos sin mantas ni tiendas de campaña.
* Conjuntivitis en adultos y niños/as producidas por el derrumbe de viviendas y la falta de agua e higiene.
• Problemas de salud derivados de la miseria y la falta de asistencia sanitaria;
* Numerosas gingivitis consecuencia de falta de vitaminas y desnutrición.
* Niños y niñas con signos de desnutrición (bajo peso, retraso en el crecimiento, etc.).
* Enfermos crónicos como diabéticos, hipertensos y ancianos polipatológicos sin ningún tipo de control médico ni tratamiento.
En el ámbito sanitario lo más destacable sin duda es el abandono al que está sometida esta población, sin recursos suficientes ni medios para desplazarse a Alhucemas para acudir a los centros sanitarios o dinero para comprar medicinas. Incluso ante esta catástrofe, en una zona donde han muerto unas cien personas, no se ha recibido ni asistencia sanitaria gubernamental, ni medicación para tratarles. Dolores intensos, crisis de ansiedad, conjuntivitis, fiebre e infecciones respiratorias han estado sin tratamiento hasta que llegamos a la zona.
Consecuencia de esta ausencia total de asistencia sanitaria es que la medicación que pudimos llevar desde Almería (donada casi en su totalidad por el CHT) se acabó en los primeros días, aunque mi intención era la de contactar con el personal del Servicio Andaluz de Salud que estaba en Alhucemas para disponer de más medicación en cuanto pudiera desplazarme a la cuidad, al final fue la ONG Farmacéuticos Sin Fronteras la que me facilitó el material para poder seguir trabajando; un “kit básico” compuesto por medicación analgésica, antiinflamatoria, antibióticos de amplio espectro, complejos vitamínicos, antidiarréicos, material de curas, vendas, guantes, cloro para potabilización de aguas, etc.
De mi última jornada en la zona dedique varias horas a dar una información sanitaria básica a mi compañero en la zona (el traductor) sobre el manejo de los analgésicos, antiinflamatorios, antipiréticos, complejos vitamínicos, potabilizadores de agua y cuidados de heridas para que en esa situación de total ausencia de asistencia sanitaria pudieran tener cubiertas las necesidades más urgentes que fueran surgiendo.
¿Futuro?
La preocupación principal que tienen las gentes con las que tuve contacto es la de cómo van a vivir de ahora en adelante. La falta de recursos y de apoyo gubernamental hace imposible que puedan disponer de los materiales necesarios para reconstruir sus viviendas.
Vuelvo con la grata impresión de que el trabajo desarrollado en esta zona el breve periodo de tiempo que he estado ha conseguido solucionar numerosos problemas de salud de la población y que, por otro lado, ha tenido un efecto psicológico muy positivo al verse sorprendidos por la presencia de un europeo desplazado allí expresamente para atenderles.
Dejo muchos amigos, personas pobres de recursos, humildes pero a la vez orgullosas de su tierra, de sus costumbres, sus valores y tradiciones que les vienen de una cultura milenaria; la cultura amazigh. Aunque ellos y ellas saben que en esta tierra árida e implacable no podrán crecer sus hijos, ni vivir mucho más tiempo y que aunque se resistan, si no se les da un futuro, su único camino será jugarse la vida en la patera.
Almería, Marzo de 2004.
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A mis amigos del Daouar Ait Hicham.

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